Las posibilidades de la ciencia cuando quienes la hacen priorizan el bien común y el progreso de la humanidad en general, son más y mejores que cuando se enfoca a la destrucción o la muerte. He reflexionado reiteradamente al respecto aun sin ser inventor y considero que hay varias áreas en las que los que sí lo son podrían enfocarse.

Algunas de ellas son de aplicación a corto plazo pues ya existen las tecnologías que la posibilitan, solo es cuestión de voluntad de parte de los gobernantes y disposición de parte de los fabricantes.

Una es la urgente necesidad de la aparición y uso generalizado de los motores que no usen combustibles fósiles, que tanto daño ambiental le están causando al mundo. Ya se vislumbran los motores a base de agua, de magnetismo, de hidrogeno, de aire, etc., sin embargo inexplicable y lamentablemente no se han incorporado ni popularizado. Esta situación alimenta la sospecha de que las empresas y gobiernos que se benefician de la utilización del petróleo y sus derivados son los últimos responsables de que no se les sustituya hasta que se llegue al límite de su disponibilidad, lo cual inexorablemente pronto llegará.

La otra se basa en la aplicación de la más moderna tecnología para que se fabriquen las armas del futuro y los proyectiles que utilizaran para que posean tales características que sea posible identificar a quien las usa de manera que no se siga fomentando la impunidad ni permitiendo que las usen personas que se dedican a hacer daño a los demás. Los gobiernos tienen el uso legítimo de la fuerza pero les faltan las aplicaciones tecnológicas que les permitan a las fuerzas del orden tener armas que solo ellos puedan usar  y que permita identificar a cualquiera que las use en forma distinta para lo que fueron hechas. Es relativamente sencillo imaginar el proceso de reemplazo de las nuevas armas que incluya la obligación de los fabricantes de rediseñarlas con  las nuevas características y la destrucción de las antiguas hasta su extinción. Que ningún arma y proyectil carezca de identificador, que solo se utilicen para los fines autorizados y que ninguna persona no autorizada pueda utilizarlas, en suma la ciencia puesta al servicio del orden, la justicia y el bien común.

Sin embargo la gran innovación que le hace falta a la humanidad es disponer de información para  poder aprender de sus errores. Bien podemos  reenfocar los esfuerzos que se hacen por lograr el viaje en el tiempo y que tiene obsesionada a una parte de la comunidad científica pero que invariablemente se topa con la paradoja aquella que se refiere al  caso del hipotético viajero que al ser trasladado al pasado se ve envuelto en un episodio cuyo desenlace es que al “matar a su propio abuelo” cuando este es aún un niño, se aniquila a sí mismo.

Considero que es mucho más productivo -sin paradojas de efectos recíprocos- y además ya vislumbrado por algunos investigadores, dedicar lo mejor de la ciencia para logar captar las radiaciones del espectro electromagnético donde se encuentran los registros de los eventos del pasado y poderlos revisar de forma similar a cuando vemos películas. Cuando esto se logre será de efectos trascendentales en la historia de la humanidad.

Es sabido que las emanaciones de señales de radio, de televisión, etc., están siendo lanzadas al espacio desde hace varias décadas y que si las captáramos de nuevo podríamos ver y escuchar esos viejos programas, sin embargo para lograr eso sería necesario viajar más velozmente que la velocidad con la que se alejan, rebasarlas con un aparato que las sintonice y las pueda reenviar a la tierra de nuevo….eso la tecnología actual no lo permite, pero si tenemos un indicio de donde está la solución: La observación de los objetos lejanos en el espacio presenta un efecto ampliamente conocido: entre más lejos están son “más viejos” a nuestros ojos,  pues la luz que emiten necesitó una mayor cantidad de tiempo para llegar hasta nosotros, de manera que un objeto ubicado a un millón de años luz de distancia al momento de enfocarla con el telescopio realmente no la estamos viendo como es ahora sino como era hace un millón de años que fue cuando la luz fue emitida. Es posible que si buscamos exactamente en la dirección opuesta de esa fuente de luz podríamos encontrar las emanaciones que nos permitan observarlos en la etapa que nos interese y no necesariamente en la última y que corresponde a la del camino tridimensional, pues está comprobado que en el universo no hay líneas rectas. De esta manera, si reenfocamos los sensores a las zonas por donde paso nuestro planeta en la época que sea de nuestro interés podríamos “captar” las emisiones que salieron de aquí en cualquier época de la historia.

Es evidente que esta idea no garantiza que se logre el resultado  descrito pues aun no se ha desarrollado la tecnología que permita verificarla, pero independientemente de cuál sea la solución tecnológicamente hablando, el disponer de aparatos que nos permitan revisar los acontecimientos históricos que constituyen la herencia común de la humanidad permitirá dar un gran salto en todos los ámbitos de la vida en común y de lo que a partir de ese momento  la humanidad podría hacer en el futuro.

Sera uno de los más grandes inventos de la historia.

Si la física cuántica asegura que el futuro es una amplísima gama de posibilidades por concretarse de acuerdo a los participantes y la manera en que se interrelacionan, el pasado es una película ya filmada, pero que está ahí, esperando el momento de volver a ser proyectada.

Entonces aparecerá nítidamente quienes somos realmente, como aparecimos aquí y porque somos así.  Emergerán de la noche de los siglos a plena luz del día las culturas y civilizaciones que nos precedieron en el tiempo, el estudio de la historia dejara de tener las limitaciones que tiene actualmente,  pero sobre todo podremos saber quiénes y cómo eran los seres humanos más importantes de la historia y por fin se superara la etapa ominosa de que la historia solo la pueden escribir los vencedores…