“Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabia, sino hacer de el algo que no existía…” esta frase de John Ruskin resume cierto sentir que ha sido parte de las aspiraciones de los docentes  a lo largo de los años y que se ha estado diluyendo en esta época.  Desde hace varios años para acá  observo como cada vez mas predomina el sentido acomodaticio que impulsa a las personas que se dedican a la enseñanza a no comprometerse mas allá de lo que es necesario para enseñar contenidos obligatorios.

No tengo la intención de referirme a los malos maestros de primaria o de secundaria, pues de esos ya se ocupan los padres que los sufren y los que pasan por sus aulas se ocuparán de ellos una vez que crezcan.  Me interesa referirme a la tendencia generalizada actualmente de querer limitar las labores docentes a la misma función que tienen los letreros que indican los caminos.

Es mucho mas cómodo hacerla de letrero de indicación que esforzarse por avanzar y de esa manera indicarle a otros por donde van las rutas del desarrollo personal y la superación profesional.

Las personas que no tienen estabilidad emocional y seguridad económica difícilmente pueden realizar esas labores que los hacen trascender en la vida de sus alumnos, aunque hay casos de excepción.

Cuando cuestione a un compañero de profesión el porque se emborrachaba en un evento social ocurrido días antes, me contesto que el también tenia vida propia y que solo se cuidaba de no dar malos ejemplos cuando estaba dentro de la escuela. Ese es precisamente uno de los aspectos básicos de esa manera de entender las labores de la docencia: Se estudia para aprender a transmitir conocimientos y tener un titulo que lo respalde, pero no es posible desligarlo de todo lo que implica ser quienes los transmitimos.

Por obligación debemos de instruirlos sobre la importancia de leer y desarrollar el gusto por la lectura, para lo cual  debemos ser lectores cotidianos.

Por obligación debemos de enseñarles el razonamiento lógico que además de servir para resolver problemas matemáticos es la base para la toma de decisiones en la vida.

Por obligación debemos de enseñarles a nuestros alumnos el respeto a las personas, el no maltrato a los animales y el cuidado de los bosques, lo cual nos obliga explícitamente a hacerlo.

Es imperativo decirles que no deben de decir mentiras y asumir las consecuencias de sus errores. Que deben de ayudar a sus compañeros que no pueden realizar alguna labor y a participar en actividades que ayuden a mejorar la calidad de vida de la comunidad.

¿cómo puede ser un buen maestro quien no es un buen hijo, un buen esposo o  un buen padre…?

¿cómo puede ser un buen maestro quien no se capacita continuamente, quien no controla sus vicios y no se involucra en  actividades en bien de su comunidad…?

El profesor enseña…el Maestro inspira.  Solo que las implicaciones de esa forma de ver la vida son muy exigentes.  Sin  embargo es un hecho irrefutable que toda persona necesita de un maestro en su vida, o de varios.  Los letreros son buenos, podrán ser muy vistosos, pero no dejan de ser solo eso, simples indicadores de cuales son los caminos posibles.

Podemos ser Maestros en la vida de nuestros alumnos o simples “profesores” en su paso por las aulas.

En esta época despiadada en la que se nos ha inculcado obsesivamente el “tanto tienes, tanto vales”, en estos años en los que la libertar y facilidad de difusión ha puesto en las manos y en los ojos de nuestros niños no solo nuevas formas de adquirir conocimientos sino también las formas de pervertirlos. En los que la música, la televisión y  el cine insisten obsesivamente en mantenerse alrededor de la violencia, el asesinato, la mentira, el adulterio, en la que se admira la riqueza material y la belleza física, sin darle importancia a los métodos por los que fue adquirida, desbordando la ambición en las nuevas generaciones.

En esta época cruel en la que los medios masivos de comunicación mayoritariamente se comportan como  enemigos de lo sagrado,  en la que los relegados de las escuelas y de los empleos, sin mas oportunidades, engrosan las filas de la delincuencia,  no solo se necesitan personas que enseñen sino sobre todo personas que pongan el alma y el corazón al momento de enseñar, que nunca olviden que lo que hagan y lo que digan va destinado a grabarse como ejemplo de vida en los que fueron sus alumnos.

Se necesitan urgentemente mas MAESTROS y menos profesores…