La despenalización de las drogas es un proceso que inició hace algunos años a nivel internacional, el cual ha ido avanzando inexorablemente y  tiene su último capítulo con la legalización de la mariguana en el Uruguay, ocurrida recientemente.

La iniciativa de ese país, que es el primero en el mundo en hacerlo, supera con mucho lo que hicieron los holandeses hace mas de 30 años y rebasa lo que han hecho después algunas provincias de Estados Unidos, por lo que con toda seguridad el proceso culminará con la legalización generalizada de su uso.  Ya se encuentran en eso Suiza, Dinamarca, España, Marruecos y la lista sigue creciendo, el último de  los que se ha agregado es México.

Cualquiera que se haya interesado en el asunto sabe que ya se han publicado en distintas partes del mundo y por diferentes instancias  estudios que contiene el marco de referencia actual desde varios puntos de vista sobre  este delicado asunto,  tanto para oponerse como para  apoyar su despenalización.

En todos los casos el gran aliciente es la percepción de fracaso que rodea a las políticas de prohibición, penalización y combate frontal al consumo de drogas.

Dado que despenalizar el uso de drogas,  es  un proceso cuya dinámica social es irreversible, es   recomendable  que  pensemos en que aspectos debe de incluir y las consecuencias obvias que  este  proceso, ahora que se esta acelerando, puede producir mas alla de lo que se argumenta respecto a los argumentos de que se trata de que sea mantenido bajo control y produzca en menor daño posible.

Lo primero que los gobernantes deberían de tomar en cuenta es  que legalizar el consumo de una droga  y de otras no,  es una especie de “camino sin retorno” que terminará por incluir a todas las sustancias que se conocen, pues una vez que se supere la emergencia que tiene que ver con la seguridad ( que en casos como el de nuestro país es grave), así como  la salud pública, se recurrirá al argumento ético que se basa en el derecho de los seres humanos de decidir por sí mismos lo relacionado con su salud y cuerpo, sin embargo no debería de soslayarse un hecho:  la condición de estimulantes de las sensaciones e incrementadores del placer las hace, por su propia naturaleza, sobrepasar la capacidad de decisión que las personas tienen sobre sí mismas.  Ya lo dijeron los filósofos: en cuestiones del placer, los seres humanos nunca podremos ser jueces imparciales.

La segunda cuestión que deben de asumir los gobernantes es el gravísimo efecto que puede producir en las  generaciones que hemos crecido con la noción moral y restricción legal asociado al consumo de estupefacientes y en las por venir.  Esto implica correr el riesgo de que toda una generación de jóvenes se pierda en el abismo de autodestrucción a que conducen las drogas si se legaliza su consumo, después de habérseles prohibido por todos los medios posibles.

Por estas razones  pienso que los primeros pasos deben de ser enfocados a una intensa campaña de  preparación social  a la decisión individual que en última instancia reside en el fondo de esta cuestión, la cual  es indispensable que contenga:

1.- Un amplísimo e intenso periodo difusión de que son las drogas,  como afectan el cuerpo humano, que  incluya los procesos y etapas asociadas a la adicción y todos los argumentos científicos, médicos, sociales y hasta morales de  porque NO deben de consumirse las drogas. En algunas sociedades este periodo podría durar meses pero en otros seguramente serán necesarios varios años, según sean sus propias condiciones de salud y educación.

Si observamos los fenómenos sociales podremos comprobar que el uso de drogas actualmente prohibidas no solo no ha podido ser contenida (mucho menos erradicada) sino que su combate las colocó en la base de una gran trama criminal expandida por todo el mundo. Por eso es que el verdadero combate  debería de ser educativos: haciendo públicos los efectos devastadores  que el uso combinado del alcohol y las drogas  producen en las personas y sobre todo en los adolescentes, agregándole  la difusión de los costos que significará el posible incremento en su consumo, pero sobre todo preparandose para lo relacionado con la cantidad de delitos y el tipo de atrocidades que se cometen bajo la influencia de todas las  sustancias que las gentes introducen en sus  cuerpos.

En estricto sentido una de las medidas previas es educar a las personas ( sobre todo a las que están en camino de llegar a la edad de las decisiones personales),  poniendo a su disposición  y de quien esta en contacto con ellas  toda la información relacionada, para que quien decida hacerlo (uno de los argumentos de quienes están a favor, es que el gobierno no debe tutelar ese tipo de decisiones)  reciba información completa  de las consecuencias en la salud y  los mecanismos que facilitan la dependencia, etc., de manera que sea tan ampliamente difundido que ayude a que sean las mismas personas a quienes mas puede afectar las que participen activamente en evitar una explosión en el consumo una vez autorizada la despenalización.  Ocultarlas  ha permitido que algunos engañen e induzcan a otros a probarlas, prohibirlas les ha añadido el atractivo fatal del sabor de “lo prohibido”, lo cual siempre ha sido de especial fascinación al genero humano.

2.-Debería de incluir, obviamente, todas las provisiones de políticas públicas que asocian impuestos con clínicas de rehabilitación, responsabilidades a los delitos que se cometen bajo su influjo, circulación restringida, el papel de los tutores  en el caso de los menores de edad, etc., etc., tal y como ya se hace con el alcohol y en tabaco pues como es sabido ese tipo de adicciones legales y toleradas están muy lejos de ser controladas y constituyen, por sí mismas el origen de graves problemas se salud pública y de seguridad en el caso del alcohol.

3.- Poder consumir drogas (de cualquier tipo) debería de incluir un proceso de autorización social similar al que ocurre actualmente con el alcohol,  en el sentido de que solo alcanzando la mayoría de edad se les permite hacerlo sin estar expuestos a ser multados.

Solo que en el caso de las drogas debería de establecerse un proceso de autorización que relacione la madurez fisica y emocional a la autorización correspondiente, según sea la droga a utilizar. Así como no cualquier persona puede manejar un automóvil, pues antes debe demostrar cierta destreza y conocimientos mínimos para hacerlo, así debería de hacerse con los que deseen ser usuarios de drogas y salir a la calle.  Así como una licencia de chofer no autoriza a manejar un autobús de pasajeros o un avión, los certificados médicos podrían de ser utilizados para que los que deseen usarlas no se extralimiten en sus dosis y sobre todo no se conviertan en un peligro para sus semejantes.

Si el argumento mas generalizado es que se les respete su libertad para hacer lo que quieran, el estado debe establecer los limites que eviten el libertinaje que termina por afectar la convivencia social y estimula e incrementa el numero y la gravedad de los delitos.

No hacerlo es no reconocer las raíces de la problemática, o simplemente darse por vencido en una sociedad en la que lo que se haga siempre será burlado, corrompido y usado con fines distintos a la búsqueda de el bienestar social.

Para muchos es claro que los problemas sociales permanecen no por falta de diagnostico, sino por la incapacidad de los responsables para hacer cosas trascendentes.  La desconfianza individual se ha extendido y ya es de grandes grupos sociales que, petrificados se oponen a cualquier cambio que implique esfuerzos individuales, disciplina personal y solidaridad social.

4.- Si se legalizan las drogas llegara el momento en que para casos de excepción  sea necesario agregarle  llevar registro del  consumo obligando a que los adictos sean identificados en un padrón de consumidores una vez que  hayan reincidido en cometer  delitos drogados, de tal manera que sea posible llevar un control y registro de sus patrones de consumo y así evitar que sus abusos se conviertan en problemas de salud pública,  cuando los adictos  reincidan en conductas delictivas,  ya que la  libertad de ellos  para drogarse debe estar  limitada por la libertad de sus semejantes a no estar expuestos a ningún riesgo por el efecto que producen en quienes  sí las usan.

5.- Establecer las medidas de reclusión que se les debería de aplicar  a los adictos que ya no puedan controlar sus patrones de consumo y por lo tanto sean un peligro potencial para los que los rodean, es decir la reclusión en centros especiales de atención a los que por sí mismos ya no puedan controlar sus consumos y sean comprobadamente el origen de conductas violentas.

Y así podríamos continuar enumerando las medidas que organizadas y cronometradas pueden hacer que la despenalización tan traída y llevada en estos días se realice de una manera tal que se base en la sagrada facultad humana del libre albedrío pero a su vez,  no rebase los derechos y la seguridad de los que haciendo uso de ese mismo derecho hemos decidido  no usarlas.

En resumen la legalización debe de basarse en  la prevención, de acuerdo a un amplio programa educativo sobre el temael tratamiento a las adicciones organizada por el sistema de salud y en la seguridad que debería de incluir las restricciones en su producción, distribución, publicidad y  las penalizaciones que como agravantes deberían de incluirse en las códigos penales.

La cuestión  de fondo en las discusiones que se están dando en los parlamentos de muchos países en estos momentos, se basa en que es mejor plantear como delimitar en busca de controlar el proceso, que seguirse oponiendo, sin darse cuenta que el planteamiento mismo es por su naturaleza, una trampa cuyos resultados son mas o menos predecibles.

La trampa esta implícita en la dinámica social que “obliga” a los gobiernos a expedir leyes cada vez mas tolerantes usando curiosos razonamientos.  Uno de ellos es el argumento de que ya son muchos lo que lo hacen y por lo tanto los que se “beneficiaran” con su aprobación.  Lo cual esta en franca contradicción con el principio filosófico que aclara que una cosa no deja de ser negativa solo porque muchos la hacen y para ejemplo esta la corrupción, el asesinato,  etc.

Otro  de ellos, al menos en México, es que es tanta la violencia y  tantas las organizaciones criminales que obtienen beneficios económicos del narcotráfico que es mejor legalizar el negocio y así reducir sus fuentes de financiamiento y ademas recaudar impuestos.   Sin embargo, quien les asegura que dichas organizaciones criminales se limitaran a un negocio que “ya es legal”.   ¿ No se han puesto a considerar que después de esta etapa los delincuentes se las ingeniaran para seguir obteniendo beneficios de cualquier cosa que tenga algunos o todos los ingredientes que tienen actualmente las drogas…? La astucia para el crimen es la consecuencia de una gran inteligencia sin principios religiosos.

Cuanto tiempo falta para que, por ese camino, se legalicen otras cosas que actualmente son ilegales, que hará falta para eso ?    ¿ que muchas gentes lo hagan y lo pidan…? La ignorancia y la influencia de los medios masivos de comunicación hacen que cualquier cosa sea posible.

Si de por si ya el alcohol hace estragos en las nuevas generaciones, lo que pasará con las drogas acentuará lo que esta sucediendo en algunas zonas de Copenhague, de Vancouver y que la gente debería de conocer.  Deberían de publicitarse lo que esta pasando en las calles de Bogota, Nueva York, etc., en relación a las drogas que devastan a miles de personas al quedar atrapadas en su uso y dependencia hasta anularse como personas.  La “vanguardia” de ese impulso suicida de experimentar con sustancias y buscar incrementar el placer se encuentra en los centros turísticos internacionales.

Legalizar las drogas es una forma de fracaso ante una realidad abrumadora. Se ha fracasado en proteger a las mujeres y a los niños, en erradicar la hambruna, en mantener la paz entre los individuos y entre las naciones, se ha fracasado en evitar la degradación ambiental, Etc.. La educación se retrasa al no estar disponible para todos, la justicia se degrada al quedar expuesta al mejor postor, el trabajo se escasea por un sistema que se basa en las desigualdades…todo lo cual multiplica la pobreza, la exclusión social y la ignorancia.  Las sociedades modernas muestran múltiples síntomas de descomposición y los individuos que las integran distan mucho de estar en pleno dominio de sus emociones como para asumir las consecuencias de tener a su disposición las sustancias que al intensificarles el placer también les crean dependencia.

Como siempre los mas vulnerables sucumbirán a cambio de quitarle momentáneamente los argumentos de negocio a la delincuencia organizada, incluir a otros en una nueva industria, recaudar mas impuestos y finalmente modificar la información estadística para incluir los efectos  devastadores que esta situación producirá en los conglomerados humanos

La legalización de las drogas es una vuelta mas en la larga espiral de degeneración en que se haya envuelta la humanidad.

Por estas razones, soy extremadamente pesimista en los resultados reales que se puedan obtener por mas medidas que se tomen, dado que  la condición del ser humano actual es deplorable.  Los antecedentes históricos son abrumadores basta recordar el episodio de la prohibición del alcohol en Estados Unidos a principios del siglo pasado, pero sobre todo reconociendo que  la situación actual es terrible:  vivimos una gran inestabilidad social, gravísimos desequilibrios económicos, proliferación de la delincuencia organizada, guerras que solo cambian los frentes de batalla, terrorismo exacerbado, corrupción campante en los gobiernos y los sistemas de justicia, uso faccioso de los medios de comunicación, etc.

Un ejemplo reciente de lo que pasa con este tipo de casos lo  tenemos específicamente   en los casinos en México: estaban prohibidos y en cuanto se autorizaron proliferaron por todos lados y en unos cuantos años ya han causado estragos en las personas mas vulnerables emocionalmente, al grado que la ludopatía esta siendo propuesta para ser considerada un problema de salud pública.

No es el caso analizar aquí  todas las motivaciones que llevan a una persona a jugar en los casinos  a sabiendas que es una trampa cuidadosamente organizada y estadísticamente planeada para, a la larga,  quitarle al participante mas dinero del que gane, pero evidentemente se parece al proceso que viven los que usan sustancias para alterar su estado emocional, intelectual y físico a base de sustancias sean naturales o sintéticas: ambas se exponen a quedar enredados en una especie de dependencia de las sensaciones que obtienen al hacer lo que hacen. De ahí la gran  peligrosidad de esta última.

Los estudios de neurología han demostrado que los receptores neuronales asociados a la presencia de estimulantes, van perdiendo sensibilidad poco apoco, por lo que para obtener las mismas sensaciones iniciales los adictos necesitan mayor cantidad o sustancias mas fuertes para sentir “lo mismo” que sentían antes.   Ese es el camino para las sobredosis terribles que desquician el juicio, anulan la dignidad y conducen a un tipo de  muerte  espantosa. Lo que comenzó por un inocente “a ver que se siente”,  nos coloca en la línea de salida de  la búsqueda desenfrenada de sensaciones, la cual es una carrera que conduce, de llegar al final,  al dolor y sufrimiento extremo.

Evidentemente no todos los que usan drogas mueren por sobredosis, digamos que se convierten en corredores de un maratón muy largo, a veces interminable, pero con una pista  muy corta: se repiten y repiten los mismos trayectos. En cualquier momento pueden pasar al carril de mas adentro y luego a otro mas estrecho, donde puede llegar el momento en que la espiral  hace imposible salir por medios propios. A esos desdichados es necesario ayudarles con sustancias químicas que neutralicen los efectos a nivel neuronal para restituirles las condiciones que les permitan volver a tomar decisiones por sí mismos. Liberarles la voluntad.

Y hemos llagado al verdadero meollo del asunto: la libertad para decidir no es plena en las personas.  Las que solicitan les legalicen las drogas y en general el ser humano no tiene actualmente pleno uso de su conciencia. La conciencia esta seriamente limitada por la  la ignorancia, los traumas,  la ambición desmedida, los odios raciales, el ansia de acumulación, el hedonismo, etc., esto significa que al hacer uso del libre albedrio, lo hacemos manipulados por nuestras propias emociones negativas, rencores, debilidades, traumas, etc., y ese tipo de decisiones no tienen nada que ver con la conciencia, que aunque limitada reside en el fondo de la psiquis de todo ser humano. Estas afirmaciones se basan en hacer una distinción entre los defectos de tipo psicológico y la esencia o conciencia humana. Si analizamos las cosas desde el punto de vista de que los defectos son “agregados psíquicos” que no tenemos al nacer y que algunos tienen mas que otros, llegamos a conclusiones interesantes.

Una de ellas es que las drogas afianzan y petrifican los defectos psicológicos de las personas, mientras que la vida sana, la ayuda a los demás y sobre todos la religiosidad ayudan  a suavizarlos,  es decir a mantenerlos bajo control. Cuando una persona esta inspirada por el amor, cuando es capaz de sentir solidaridad ayudando a quien lo necesita, cuando  usa la oración para acercarse a Dios (cualquiera que sea el nombre con el que lo conozca),  comprende que los defectos psicológicos le hacen daño y es lo que hace que las personas se  hagan  daño entre si.

Me gusta pensar como los monjes tibetanos que aseguran que el ser humano, al nacer viene con una determinada cantidad de energía vital para vivir los años que va a vivir, de manera que si la gasta viviendo aceleradamente y agota la energía vital que le fue asignada, degrada la calidad de vida y hasta acorta los años que le tocaban vivir.  Este “fondo vital” esta en todos los aspectos de la vida: quien hace ejercicios físicos al extremo en intensidad y duración terminará perdiendo movilidad y quien abusa del placer disfrutando mas allá de “la cantidad que le corresponde” a la larga solo se producirá dolor. El que tiene una vida mesurada y disfruta de los placeres de la vida sin acelerar los procesos ni usar estimulantes, puede esperar una vida larga y placentera. La premisa fundamental es LA NATURALEZA NO DA SALTOS.

En la década de los sesenta cuando se popularizó el uso de la mariguana, en México  a los que la usaban se les llamaba coloquialmente “locos”: ellos mismos usaban las expresiones: “anda bien loco”,  por lo que la gente solía expresar “detuvo la policía a un grupo de “locos””, etc.  Cinco décadas después, tristemente el mundo se apresta para legalizar el uso de esa droga, vencido abrumadoramente por el impulso de una delincuencia cada vez mas difícil de controlar  y del incremento de la gente que  lo solicita.

Nuevamente habremos de adaptarnos a esa decisión y ajustarnos a la nueva realidad insistiendo y apelando a las reservas de esperanza, dignidad y espiritualidad que aun se conservan y acostumbrarnos a convivir con las miserias exacerbadas a que conducirá el consumo  legalizado de las drogas en una parte de la sociedad.

Para la generación actual tendrá los efectos parecidos a cuando se hunde un gran barco: arrastrará irremediablemente a los mas cercanos, desestabilizará a los testigos aun si han decidido mantenerse al margen y   quedara en el recuerdo de todos los que observamos estas cosas sobre el  porque lo que se  genera son continuas adaptaciones a lo que en años anteriores era delito o inaceptable y no al revés.  El mundo avanza, las sociedades se transforman pero no para dar cada vez mas espacio para la tolerancia, premiar la bondad, mejorar y ampliar el alcance y la aplicación de las  leyes solidarias, reconocer los avances de la unión  y apoyo recíproco entre  las religiones, etc., sino precisamente en sentidos  contradictorios y a veces opuestos entre si.

Esperamos que los que lo hagan  reflexionen en la gran responsabilidad que asumirán al hacer  esto  y no se olviden de  cuidar a las nuevas generaciones que son los que mas expuestos quedaran a una situación potencialmente peligrosa como la que se avecina y sobre todo como  fue posible que no se pudiera hacer nada para evitarlo.

El mundo estaba belicoso, a veces histérico, a veces eufórico, nunca en calma.  Ahora se apresura para volverse legalmente  “loco”…..