Recién cayó en mis manos un programa para computadora que permite tener  una perspectiva del planeta parecida a la que tienen los que habitan la estación orbital internacional, sin nubes y en 3D.  Es una vista maravillosa desde todos los ángulos posibles por que no tiene marcadas las fronteras y los relieves son de gran realismo mientras la tierra da vueltas sobre si misma: el efecto inmediato es incrementar la conciencia planetaria. El esplendor es envolvente, ahí estamos todos, realmente cercanos, vecinos, algunos se atreven a decir que estamos “hacinados” en un planeta en el que ya no cabemos, realmente lo que se aprecia es que estamos mal distribuidos.

Todos los días al encender mi computadora ese programa me permite darle  una “orbitada” al planeta, por medio de la cual se puede apreciar  lo delgado de la capa de gases que forman nuestra atmosfera, la majestuosidad de la cordillera del Himalaya que no deja de ser  un bordo que separa  a la India con china, que se opaca aun mas ante la inmensidad de los océanos que dominan los paisajes cuando desaparece un continente y todavía no se vislumbra el otro. Es la culminación de los sueños de la infancia y la comprobación visual de los  planteamientos de la física que asegura que en el universo no hay líneas rectas, todo es curvo en mayor en menor medida y además, nada esta estático.

Los datos básicos asociados al planeta son que este gira sobre si mismo a una velocidad de 1600 K/h y que a su vez se desplaza alrededor del sol a 108,000 k/h.  El sol al girar alrededor de su centro gravitacional lo hace a 792,000 K/h. Y finalmente algunas estimaciones establecen que la velocidad de la galaxia en la que estamos al desplazarse en el espacio es de un poco mas de dos millones de kilómetros por hora.

No deja de ser sobrecogedor saber que la humanidad este  frenéticamente rascando la superficie para extraerle los metales y perforando pozos para chupar el petróleo a un ritmo que, lo sabemos todos, tarde o temprano los agotara.  Observarlo así nos empequeñece, tal vez por eso, por carecer de la noción de lo que significamos para el planeta, talamos sus bosques, contaminamos los mares, derribamos montañas, excavamos pozos, alteramos la atmosfera y enterramos toda nuestra basura a la espera de que sea el planeta a base de sus procesos quien   restaure esas heridas, a pesar de que ya hay sobrados indicios de que la capacidad de regeneración de la naturaleza esta siendo superada en velocidad por las actividades humanas.

Que bello es nuestro planeta, como no admirar la blancura de los andes, columna vertebral de Suramérica que termina por separar a la Argentina de Chile, transformando las pampas en un verdor maravilloso.  La vista desde el espacio hace que los Alpes se asemejen a una brillante corona blanca que resplandece al norte de Italia y que da paso a una Europa siempre verde y desde cierto ángulo aparenta estar postrada, donde España, como si fuera la  cabeza, esta en actitud de olfatear la vastedad del Sahara, de la que comparte algunos matices y tonalidades que sin embargo toman su verdadera dimensión al desplegarse por todo el norte de África.  Visto así, la península arábica no es mas que la continuación del Sahara separada de el por una zanja de agua. Sorprende descubrirle al desierto tanta belleza. La altura es suficiente como para desde Alaska poder ver la península de baja California, que junto con la de Yucatán hacen de México un paisaje singular en el mundo.

La escases parece abundancia, la abundancia se muestra finita y limitada, los ríos parecen venas, los lagos manchas azules que parecen haber sido colocados ahí deliberadamente y si fue así, quien lo hizo fue especialmente generoso con Canadá.   Las multitudes humanas no aparecen. A nivel planetario no somos nada, tal vez por eso intentamos hacernos notar, sin embargo ¿que son cien años para los casi cinco mil millones que tiene el planeta orbitando al sol ?.

Con el avance de la ciencia y la tecnología hemos descubierto que el planeta no es mas que una inmensa nave que al desplazarse alrededor del sol nos lleva por el espacio a una gran velocidad. Conforme avance mas y podamos desplazarnos de planeta en planeta descubriremos que la “nave” es en realidad mas grande y esta formada por el sistema solar en su conjunto pues es fuera de el donde realmente se esta expuesto a todas las inclemencias del espacio sideral.

Los interminables conflictos humanos, vistos a nivel planetario, son nimiedades magnificadas por la importancia que le damos a las fronteras, al poder político, la preeminencia económica, las preferencias  religiosas y en general a todo lo que nos separa, cuando en realidad nuestro destino esta entrelazado indisolublemente.

El planeta, como nosotros, también tiene alma, cada uno de los seres humanos somos como una célula que en conjunto damos forma al alma del mundo, los seres vivos en su conjunto le damos vida,  nuestros cuerpos al desintegrarse después de la muerte, se reintegran, molécula a molécula a los materiales disponibles y obviamente  los elementos de los que estuvieron hechos, ya antes fueron utilizados en otros organismos y en el futuro servirán para dar forma a otros cuerpos de cualquiera de los reinos de la naturaleza.

La ciencia asegura que el planeta y nosotros no somos mas que “polvo de estrellas” condensado que esta en permanente reciclaje de sus elementos.

Dicen que los viajes espaciales dejan huellas profundas en quienes los han hecho, sin embargo, como muy pocos los pueden hacer, programas de computo como el que comento pueden ayudarnos a desplegar nuestra imaginación y tener puntos de observación privilegiados.  Es precisamente la experiencia que pasan los que habitan la estación orbital internacional la que los muestra mezclados con astronautas de otros países, obligados a reducir al mínimo sus diferencias y trabajando en equipo con tareas que reparten habilidades y responsabilidades para lograr que la estación de mantenga habitable si quieren sobrevivir, en una especie de rudimentaria similitud de lo que deberíamos hacer los que estamos acá abajo.