Por mas lejos que te encuentres de ella, una vez que te falte sabrás lo importante que fue en tu vida. No hay nadie en el mundo que no tenga una.  Desatenderla es desatenderse uno mismo. El mundo se sostiene por ella en el sentido de que es quien hace posible la propagación de la vida.  Obviamente una cosa es haberla tenido y otra es conservarla.

Todas las madres tiene algo de divino pues representan en el mundo a la Virgen, la madre de todos.  La maternidad transforma a las mujeres proporcionándoles por medio de esa experiencia una especie de amor que solo ellas experimentan. La fecundidad es su prerrogativa por excelencia: nadie de los que estamos aquí pudo llegar sin su intervención.

En la antigüedad se referían a ese privilegio como la “santa predestinación”: toda mujer nació para ser madre.

Si hacemos un viaje retrospectivo de regreso a nuestra infancia, invariablemente encontraremos los brazos amorosos de una madre, una voz  angelical y el seno tibio que nos imprimió un sistema la vida donde amamantar no solo es alimentarse, es impregnarnos de la vida de quien nos fabrica el alimento.

Escuchar la voz de nuestra madre una vez que hemos salido del vientre es una experiencia muy reconfortante, nos confirma que ella esta cerca, que sigue ahí. Quienes no tuvieron esa experiencia, por las circunstancias que hayan sido, tiene una deuda con la vida o al revés la vida les cobro una deuda que tenían con ella.

Hace unos años confirme la fuerza que tienen las palabras para los niños en gestación dentro del vientre materno. Sucedió que una compañera de trabajo tubo que asistir durante todo el embarazo a las reuniones diarias que como equipo debíamos realizar las cuales se prolongaban por mas de una hora, todos los asistentes hablábamos de asuntos laborales, sin embargo, por el puesto que desempeñaba en aquel entonces, me tocaba hablar mas que los demás y así transcurrió el tiempo, hasta por fin  nació su hija, al poco tiempo nos encontramos ambas familias, en una fiesta infantil.  El arribo de mi esposa y mis hijos fue precisamente por la espalda de la mesa donde estaba ella con su familia, sin embargo el sonido de mi voz al saludar a los presentes fue suficiente como para impulsar a su hija en brazos en un intento por asomarse por entre su hombro, en un gesto típico de alguien que se asoma para ver quien es quien esta llegando. Ella, la madre de la criatura me hizo ver lo que estaba pasando y asombrada comentaba con sus compañeros de mesa los antecedentes que explicaban el comportamiento de su niña recién nacida.

Si eso sucede con la voz de un extraño, cuantas cosas sucederán en la tierna constitución de un bebe cuando es su madre quien le habla.

Hoy visite a la mía, la encontré sentada en su lugar habitual organizando las fotos de sus hijos y aunque no lo vi esta vez, se lo que hace con frecuencia: algunas veces, sosteniendo nuestras fotos, nos hace cariños y siempre nos da bendiciones “para que Dios nos proteja, donde quiera que andemos”…la estampa era sumamente tierna: instalada en la ancianidad,  añora en sus nietos lo que hizo con los hijos. Ella sabe que  una buena madre influye en la vida de sus hijos y ella ha influido profundamente en la vida de sus ocho hijos.

Una abuela es, por definición la versión sabia de una madre. Por su influencia mi esposa acostumbra darle una bendición a nuestros hijos cada vez que salen de casa. Como siempre nos habla de Dios termine por comprender que la mejor manera de acercarse a la Virgen es a través de nuestra propia madre, pues como podría alguien querer acercase a la Madre de Dios si no es capaz de acercase a la suya propia..?. Dicho de otra manera los hijos malagradecidos con su madre nunca progresan en todos los campos de la vida ni lo hacen permanentemente, siempre les hará falta eso.

No hay acontecimiento mas grande ni mas trascendente que el de una mujer gestando: la humanidad se esta renovando a si misma. Ese acontecimiento,  una vez consumado la transforma en la fuente del amor. El amor de una madre es capaz de los mas grandes sacrificios  e impulsa hacia el bien a quien lo recibe, la mejor manera de mejorar los problemas de  la sociedad actual  es protegiendo y preparando a las madres para que lo sean en plenitud, ellas pueden transformar a las personas cuando todavía están bajo su tutela.  Ya lo dijo alguien hace algún tiempo: “Las manos que mecen las cunas son las que pueden mover al mundo”.

Las manos de la mía ya no tienen la fuerza de antes, vacilantes, organizan sus recuerdos, enjuagan lagrimas derramadas en silencio, suspirando por los días en que jugábamos por ahí asegurándonos de no alejarnos mucho de ella.

Yo me termine de gestar en el alma de mi esposa, que también es madre. Tengo la convicción de que así como el hombre fecunda el vientre de la mujer para convertirla en madre y eso lo hace en cuestión de minutos, la mujer “fecunda” la psiquis del hombre después de años de convivencia cotidiana.   El comportamiento de un hombre después de años de convivir con la misma mujer y de haber gestado hijos en conjunto, con toda seguridad ha recibido eso que solo una mujer es capaz de retribuirle al padre de sus hijos.

La “fecundación” de la psiquis masculina tiene que ver con una especie de maduración espiritual y equilibrio en la vida. Si la fecundación femenina se da rápido, la masculina se da lentamente. Si la fecundación femenina exige que haya la oscuridad y el calor de un  vientre fértil, la masculina necesita de un hogar con responsabilidades compartidas e hijos en común. Obviamente que así como hay mujeres fértiles también hay hombres “estériles” en el sentido que estamos hablando, ya que los defectos de carácter cuando son muy marcados, cuando los vicios dominan el comportamiento de los varones, prácticamente refractan  la influencia positiva que les irradia de su esposa-madre.

Hoy le  tome  las manos a mi madre y al verlas de cerca  vi su vida reflejada en ellas,  son como espejos de una vida larga y fructifica que reflejan todo lo que ha trabajado, así como sus alegrías y sus sufrimientos, pero sobre todos son un monumento a su dedicación y vocación de vida.