Observando el comportamiento de los jóvenes de hoy  se perciben algunas  diferencias generacionales que nos corresponden, dado que desde la irrupción de la internet las cosas se están acelerando vertiginosamente.

Me llama la atención algunas  carencias emocionales o experiencias de vida que tienen los jóvenes de hoy  con respecto a los que pertenecemos a la generación anterior.  Hasta mediados del siglo pasado las diferencias entre las generaciones eran mínimas, después la brecha generacional se fue ensanchando y ahora el avance tecnológico esta dificultando la comunicación entre padres e hijos pero sobre todo ha derribado los puentes generacionales entre los abuelos y sus nietos.

Los jovencitos que hoy se están casando y debutando como padres pertenecen a la generación digital que basa su vida en el uso de la Internet. A ellos les fascina el uso de la tecnología y les gusta tratar de adivinar  sobre cuales serán los avances por venir. Muestran un asombro –a veces despectivo- al enterarse de cómo era el mundo en la época de sus abuelos pues estos les  relatan un mundo cada vez mas extraño para ellos.

A muchos jóvenes de hoy  les falta conocer las fases de la luna a base de observar el efecto que produce en las plantas y en el mar, saber cuando va a llover con solo observar el horizonte, comer de los frutos de alguna planta  que ellos hayan sembrado, comerse los peces que ellos hayan pescado, nadar en los ríos y no solo en las albercas, dormir a la intemperie, conocer el mar justo en las desembocaduras de los ríos, regresar a los nidos a aquellas crías que después de un vendaval amanecen en  él suelo, caminar solos por el  bosque,  aprender el uso medicinal de las plantas…

Desconocen que en el cuidado y convivencia con las plantas y los animales hay una especie de “alimento”.   Las nuevas generaciones no están recibiendo esa formación de vida favoreciendo la diseminación de un tipo de crueldad que se propaga al impulso de ese tipo de  carencia.

En las grandes ciudades esto se esta acentuando extraordinariamente: toman leche sin lactosa,  pan sin fibra y pintados de  color, jugo de fruta que no contiene la fruta a la que saben, se alimentan con carne de animales cultivados en serie y engordados con hormonas,  crecen en ambientes en los que predominan las plantas de plástico, conocen los espacios naturales solo en las secciones turísticas y a los animales los observan disecados en los museos,  conviven con ellos en las ignominiosas jaulas de los zoológicos y en el mejor de los casos los compran en las tiendas.

Las grandes ventajas de las mega ciudades también implican que  todo debe ser empacado, congelado y  modificado, ademas de incluir una versión “light”.

El hombre moderno cada vez es mas un “hombre light”, un ser humano desprovisto de contenido, víctima de un vacío existencial que se originó cuando se apartó de la naturaleza para volcarse al vertiginoso ritmo de la vida moderna, ese tipo de vida que se basa en la búsqueda desenfrenada de bienes materiales y acumulación de dinero.

Como decirles a los depredadores de la naturaleza a que sabe la brisa una madrugada de verano después de un aguacero nocturno…?

Cada vez hay mas personas que basan su vida exclusivamente en lo que el dinero les permite hacer, de ahí que si nunca han cultivado la tierra con sus manos como distinguirian el sabor de un tomate madurado en la planta con respecto al de uno madurado en las cajas de transporte mientras es llevado a las anaqueles del supermercado…?

Al superar la sociedad los niveles de supervivencia y la tecnología facilitar enormemente las cosas, los animales han sido relegados de nuestras  necesidades básicas, dando espacio a una especie de nostalgia que algunos intentan superar con  mascotas de compañía, pero en el proceso los hemos retirado de nuestras vidas cuando ellos son la compañía imprescindible: el amor a los animales es un hilo de viene desde la mas remota antigüedad, si lo rompemos quebramos algo dentro de nosotros mismos.

La historia milenaria del hombre dice que los pueblos fueron hijos de los bosques, de los ríos y del mar.  Al hacinarnos entre el cemento, el plástico y el metal de las ciudades  y además, no cuidar nuestra relación con nuestro origen estamos perdiendo el rumbo.

Ya algunos filósofos han advertido de las consecuencias de que el hombre moderno solo sea una versión “light” de los  que le antecedieron. Al carecer de vida interior no sabe estar solo,  llegando al extremo de tener una actitud como de huir de si mismo. Somos parte de la cultura de la evasión, de lo intrascendente.  Lo principal es divertirse, gozar y tener dinero.

Al destruir los bosques nos estamos quedando huérfanos, al contaminar y secar los ríos estamos entrando en una especie de  angustia existencial fratricida por no tener el agua asegurada y si logramos contaminar el mar mas allá de los límites nos ahogaremos en nuestras propias inmundicias.

La dinámica social actual esta impulsando  a que todo debe de ser rápido, acelerando los procesos de toda índole: la comida se acelera para mantener el ritmo de quien la necesita y proliferan los expendios de “comida rápida”, la educación se empaqueta en periodos cortos priorizando el reconocer a quienes mejor repiten lo que otros dijeron,  las comunicaciones globales instantáneas abrieron nuevos horizontes hasta que se popularizo delimitarlas a 140 caracteres por vez, obligando a que la intrascendencia y el chisme  se reproduzcan entre si hasta el infinito, dando forma  a la “comunicación Light”. La comunicación así empaquetada fomenta la curiosidad, no la reflexión.

Hasta la religión se ha tenido que adaptar a la velocidad vertiginosa de la vida actual, se transmite la liturgia por televisión, se evangeliza por Internet,  etc., al paso que vamos las religiones marchan presurosas hacia su versión “ligth”: cada vez son mas tolerantes con sus fieles y le agregan vistosidad a sus actividades para que los jóvenes se acerquen.   En un mundo sobrepoblado y cada vez mas urbanizado no es el aumento del ateísmo declarado lo que preocupa, sino que se le ha dado forma a los religiosos “light”: practicantes nunca comprometidos.

Las lecciones de vida de los bosques, los ríos y el mar van quedando como  un lejano recuerdo, casi extinguido, para quienes viven en los departamentos urbanos a muchos metros sobre el suelo.

Al proliferar ríos sin peces y tener cada vez mas bosques con menos animales hay  cada vez hay mas humanos  sin sentimientos.  No nos asombremos que pronto, además de   tener  cada vez mas difundidas las religiones, seamos  también  testigos de un cristianismo sin cristianos.

Las personas de ahora se parecen cada vez mas a lo que consumen: café sin cafeína, leche sin lactosa, dulces sin calorías….al alejarse de la naturaleza y no tener vida espiritual propia, le dan una exagerada importancia  a la apariencia.   Ya lo señaló premonitoriamente un aborigen americano ante el embate de la colonización europea:  “Sólo hasta que se haya talado el último árbol, contaminado el último rio y muerto el último animal, el hombre entenderá que no se puede comer el dinero”.