Últimamente han proliferado los gimnasios como espacios para que las personas puedan realizar ejercicios con aparatos especiales y supervisados por especialistas, lo cual no deja de ser un reflejo de las consecuencias de la vida urbana, pues hace unos años  tal cosa era innecesaria e impensable.

En un inicio los gimnasios eran casi exclusivamente  utilizados por hombres en busca de incrementar su masa muscular, basto que pasara una generación para que se incorporaran masivamente las mujeres,  solo que ahora los usuarios están mas enfocados a mejorar su apariencia física.  Las ciudades con su frenético ritmo, que incluye espacios reducidos para vivir, inseguridad en las calles, malos hábitos alimenticios  y largos periodos de tiempo en labores con poca actividad física, han dado base al fenómeno.

El origen esta en la publicidad que repite insistentemente que debemos de tener la apariencia física por siempre joven, que anatema el dolor e induce a las personas a avergonzarse por estar envejeciendo.  Así los gimnasios y la cirugía estética, según sea el nivel económico, se han convertido en el baluarte de muchas de las personas que  viven con la preocupación por mejorar su apariencia  y condición física, sobre todo si nunca han practicado algún deporte.

Es triste que las mujeres terminen por aceptar que los mejores argumentos para conseguir pareja sean sus caderas y su busto, mas todavía que las esposas tengan que someterse a esa misma lógica, para poder conservar a su marido, cuando ya la convivencia cotidiana ha dejado en claro quien es quien en términos de nuestra calidad como personas, mas allá de lo que aparentamos.

El índice de divorcios en México  aumenta año con año, lo cual es lógico si las base de la unión son las apariencias, la atracción estrictamente física, el dinero, la preocupación por “el que dirán” y sobre todo el no tener preparación para enfrentar las adversidades de la vida.

Mucho se habla del amor, pero poco se esta dispuesto a cultivarlo.  Se abusa de el citando la fidelidad, la adoración de todo lo que tenga que ver con el otro, pero se le abandona a la menor provocación.

Si las adversidades propias de la vida, es decir la convivencia con nuestros semejantes las enfrentáramos con la actitud de que son oportunidades para auto conocernos, pronto lograríamos superar la condición común en la que los problemas nos afectan al grado de confundirnos y no saber que hacer.

A muchas personas les agrada enterarse de las vidas de los demás, pero si valoraran la gran trascendencia que tiene analizar la suya propia, repasar lo que hicimos y lo que nos hicieron, descubrir el origen de nuestras molestias, la raíz de las emociones con las que acompañamos las escenas cotidianas, llegarían a disfrutar de una especie de autonomía psicológica de gran valor para la vida.

Supe de una persona, un maestro, que queriendo mejorar su carácter, interesado en lograr ser mejor persona y una vez que ya había analizado a detalle sus defectos psicológicos, le daba por buscar situaciones que le permitiera que se le manifestaran de nuevo y así continuar sus esfuerzos por superarlos.  Me contó que intentando dejar la ira, buscaba a ciertas personas que lo insultaban a la menor insinuación y una vez que lo lograba, se ponía muy atento para descubrir como eran sus reacciones, que era en realidad lo que sentía y porque.

Me intereso el planteamiento y cuando me propuse conocer mi propia   impaciencia, me dirigí a las salas de consulta del Hospital del IMSS, para tomar un turno a nombre de un familiar cercano y luego  sentarme en esos escenarios del dolor y  ser obligado a ver pasar las horas mientras los doctores discurrían en sus labores y llamaban al siguiente en turno y al siguiente,  en una sucesión que deja la sensación de ser interminable.

De manera que si hay la suficiente motivación, la convivencia y las adversidades de la vida cotidiana pueden ser tomadas como una especie de “gimnasio psicológico”, en la que los problemas y escenarios diversos, pueden  ser tomados como oportunidades para conocernos mejor. Es muy lamentable que no podamos controlar nuestras reacciones, o mas bien que nuestros semejantes tengan la facultad de hacernos pasar de la risa al llanto, de la tranquilidad al enojo, con solo hacer cualquier cosa o decirnos algunas palabras.

La vida es como una película en la que cada quien es el actor protagónico, si repasamos las escenas de esa película pronto descubriremos la trama de  nuestra propia vida y podremos modificarla para bien.

No basta cultivar el cuerpo, también podemos templar nuestro carácter y equilibrar nuestra personalidad y la vida nos da múltiples oportunidades lograrlo.

Huirle a las adversidades  y problemas no siempre es la mejor decisión pues si no hemos descubierto las causas que las originan, tarde o temprano se nos volverán a presentar, tal vez cambien algunos actores y los escenarios pero las situaciones conflictivas tendemos a repetirlas.

Si alguien quiere conocer sus defectos psicológicos, cásese y habrá conseguido un espejo de cuerpo entero. Es lamentable que en cuanto nos vemos tal y como somos queramos cambiarlo por otro y lo que es mas lamentable: nos enojamos con el y le hacemos daño.

El gimnasio psicológico es magnifico para entrenarnos en el auto conocimiento.

Conocer a otros es inteligencia, conocerse a sí mismos es sabiduría. Manejar a otros es fuerza, manejarse a sí mismos es verdadero poder. – Tao Te Ching