Por mi trabajo me toca convivir con muchos niños diariamente, usualmente me  alegra ver el futuro en sus miradas, es algo que aprendí a hacer viendo a los ojos a mis hijos, pero en este país -y en casi todo el mundo- el futuro esta enfermo y desde hace unos meses sus miradas alegres y sonrisas espontáneas me producían una extraña sensación de impotencia.

La confianza en el futuro se me fue diluyendo y cuando me  preguntaba ¿qué va a pasar con ellos cuando sean adultos…?  ¿qué clase de mundo le tocara vivir a mis hijos…? Me abatía la incertidumbre, como si el futuro ya hubiera llegado y fueran ciertos los malos presagios….En esas andaba cuando cometí algunos errores y la angustia me atrapó.  Deje de salir y me refugie en la meditación, pero perdí inspiración para la oración.    La situación me alejó de la televisión y los periódicos.

Deje  de escribir por tristeza. Las malas noticias terminaron por afectarme, en este país todos conocen cuales son esas malas noticias pues casi no hay de otro tipo. Me daba la impresión de que no valía la pena externar opiniones  o compartir experiencias y al observar la dinámica social mostrada en las redes sociales mas crecía la convicción de dejar de “decir” para mejor “hacer”.

Afortunadamente nunca he perdido la intuición y llevado por ella aproveche uno de mis  viajes para ir al Gran Cañón, en Arizona. Necesitaba una respuesta a ese desajuste interno.   En cuanto llegamos lo primero que hice fue acercarme a la orilla, mi familia no entendía tanto interés por localizar alguna roca que sobresaliera al desfiladero, hasta que la hallé. Realmente no tenia ninguna razón lógica para hacer eso, simplemente me “latia” hacerlo.   En cuanto me vi cerca del abismo y  me senté a contemplar aquella inmensidad, bastaron unos instantes para que la respuesta  me llegara sola, espontáneamente: Estaba en una “noche espiritual”, de manera que lo que había que hacer era sostenerme, cuidar mucho no volver a cometer errores y esperar la llegada de un nuevo día.

Así permanecí por varias semanas hasta que, de repente, el dengue me obligó a estar una semana en cama, las cosas auguraban que se complicarían aun más pues deje de ir al trabajo, sin embargo fue precisamente ese aislamiento y la oración lo que me permitió comprender mejor, enfrentar las cosas cotidianas con una nueva actitud  y salir por fin de esa etapa.

Los alquimistas tenían una frase que dice: “ imita a la naturaleza y encontraras lo que buscas”, y eso fue lo que hice “esperar”, esperar a que pasara “la noche”, con la convicción de que tarde o temprano el día aparecería.  En la filosofía védica de la India le llaman “pralaya” a esas etapas de la vida.

Este país  pareciera estar en una “noche espiritual” dados los terribles condiciones en las que se nos obliga a vivir y que dan la sensación de descomposición, de confusión, alimentada por la corrupción, la violencia, el cinismo y la impunidad…. con   el agravante actual de que no hay un gobierno capaz de enfocar los esfuerzos necesarios para salir de ella.

Nadia habla del futuro como algo promisorio.

No me interesa escribir sobre que es lo que hay que hacer para salir de esta situación dado que ya hay muchas personas haciéndolo, además, es evidente que los gobernantes ya saben que hay que hacer, solo que a algunos no les interesa hacerlo y a los otros no se les permite.  Así es como  enferman el futuro de los que gobiernan, envenenándolo.

A nivel personal las cosas son distintas, no hay nada que no podamos hacer pues la vida interior de cada cual es el espacio donde algunos viven en sus propias noches espirituales  y otros en días de gran actividad, podrán ser largas, cortas o al revés, pero invariablemente, siempre estaremos todos  expuestos a ir  pasando de una a otra.

Las situaciones personales adversas, en las que se involucran nuestros familiares mas cercanos o nuestras necesidades básicas, cuando coinciden con grandes adversidades externas pueden conducir a algunas personas a la depresión, sin embargo hay dos sencillos pasos para evitar llegar  a  ella: Nunca olvidarse de Dios es la primera. Ya lo descubrió empíricamente Facundo Cabral cuando concluyó: “no estas deprimido, solo estas distraído”. Pues cuando alguien está así   -“distraído”- es porque se ha olvidado de las cosas que le rodean y de lo que nunca debemos de olvidarnos es de la presencia de Dios en nuestra vida.  Esta actitud es útil incluso para los que ya están en depresión.

La otra es un poco mas exigente pues se debe evitar hacer cosas por impulso, espontáneamente. Todo lo que hacemos debe de ser reflexionado, meditado, con el fin de hacer solo lo que haya pasado el filtro de dicho análisis.

Si en el mundo actual dominado por el hedonismo, se incentiva la espontaneidad en todos los aspectos que tiene que ver con la búsqueda del placer y la comodidad, es obvio que la reflexión interior, el análisis de las acciones antes de realizarlas es la base para avanzar en el camino espiritual que conduce al desarrollo interior.

Esforzarse por mantener el recuerdo de Dios en cada aspecto de nuestra vida y meditar toda acción antes de realizarla es posible pues el lazo que las une es la oración.

No podemos evitar las “noches espirituales” pues son parte de la naturaleza, sin embargo lo que si podemos hacer es que sean mas cortas, pero sobre todo, la presencia Divina en el hombre hace  que sean menos “oscuras”, ya que todos necesitamos después de un período de intensa actividad una etapa de reposo…

En relación a todo esto es bueno recordar aquella frase que dice: “La fe es el pájaro que canta cuando el amanecer todavía está oscuro”. Rabindranath Tagore