Recién pasada la navidad hemos vuelto a rememorar el nacimiento de Jesús siguiendo la antigua tradición iniciada por San Francisco de Asís de representarla en pequeñas figuras, pues así lo hace mi madre desde hace muchos años.

No ha faltado alguno de mis amigos que me agradecen que año con año les envió una postal con la figura del nacimiento y que siempre he titulado “la navidad del corazón”, obviamente ahora uso el correo electrónico, el Facebook y el WhatsApp para hacerlo.

Ambas cosas me han motivado para comentar que el significado de pasar por la navidad del corazón es múltiple pero se traduce en lograr la paz interior.  Ese estado de gracia ha sido buscado por multitudes de personas a lo largo de la historia, lo que es evidente es que  cuando alguien lo logra es inconfundible.  Cuando San Francisco de Asís lo logró comenzó a representarlo físicamente y a partir de ahí a todos los seres vivos los trató como hermanos.

Esa verdad inmanente es imposible de ocultar y difícil de expresar. Cuando a Gautama El Budha le preguntaron ¿ que es la verdad? Guardó silencio, dio la espalda y se retiró.  Cuando  a Jesús de Nazareth le hicieron la misma pregunta guardó un profundo silencio, como si nos dijeran ambos que ese tipo de verdad, la mas grande, la última que abarca el todo de las cosas y las personas no cabe en las palabras.

Ayer festejamos la Navidad, todo el mundo cristiano reparte parabienes y regalos, es curioso pero no todo el mundo es cristiano y los que si lo somos no hemos logrado ese tipo de paz.  Alguna vez una persona se acerco a Mahatma Gandhi para tratar de convertirlo al cristianismo, imposibilitado como estaba por ser figura pública en la búsqueda de la independencia de la India,  después de escucharlo le recriminó: Simpatizo totalmente con Cristo, pero me desilusionan los cristianos.

Recordemos que el saludo de él siempre fue: “la paz sea contigo”.  Como es posible que digamos ser cristianos y no estemos en paz con los demás y lo que es peor: no estar en paz consigo mismo.  La verdadera razón del origen de las guerras es la ausencia de paz interior.  Ya lo definió claramente  Pierre Proudhon cuando nos recordó: “La paz obtenida en la punta de la espada, no es más que una tregua”.

Como anécdota sabemos el caso de un joven que quiso ser recibido por el abad de un monasterio, el más mas grande de los conocidos y al que aspiraba ingresar, para lo cual tuvo que presentar carta de solicitud y externar sus saludos de la mejor manera posible esforzándose por cumplir todo el protocolo, sin embargo, para su sorpresa el Dignatario le cuestionó:  “te falta un saludo…”  el joven, sorprendido, en lugar de desconcertarse atinó a responder: “ no hay mejor saludo que el del corazón tranquilo…” y no solo lo recibió en audiencia sino que lo acepto como miembro de su comunidad.

Por el contrario en una ocasión una persona estaba molesta por el estado de gracia y felicidad que permanentemente irradiaba del Budha y resuelto se le acerco mientras éste estaba en meditación. Le comenzó a insultar, sin obtener respuesta, cuando los insultos subieron de tono y presagiaban hasta  agresión física, el Budha abrió lo ojos y se dirigió a su visitante: “ si alguien te lleva un regalo y este no lo aceptas regresándoselo a quien te lo lleva, quien es el dueño de ese regalo…?”  Desconcertado la persona contesto: “pues sigue siendo del que lo ofreció”.   “Igualmente te digo, llévate el regalo que me estas ofreciendo, no lo acepto….”y siguió tranquilamente en meditación.

Si la paz fuera una sustancia seria el mejor de los regalos, imposible de empacar y aun más difícil de repartir.  Al querer repartir la Paz nos daremos cuenta, asombrosamente,  que no todo el mundo la quiere recibir, unos por que simplemente no la quieren  y otros porque no quieren pagar el precio. Los que prefieren la violencia y el odio simplemente no les interesa y los que la anhelan no saben como dejar de molestarse con los demás y cuando han llegado a odiar,  en el mejor de los casos solo la ocultan de los demás.

La paz interior es fácil de obtener, basta estar dispuesto a dejar de sufrir, es decir  a abandonar los sentimentalismos, los apegos, el miedo al que dirán, etc., por supuesto que esa búsqueda comienza por el perdón y con dejar de mentir.

Hay una frase muy antigua que dice: “inútilmente habrá nacido Jesús en el pesebre de Belén si no nace en nuestro corazón también…”.

Hoy, esta Navidad es bueno recordar que “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”, Antoine De Saint Exupery