Caminar es una experiencia extraordinaria cuando se hace por primera vez.  Recuerdo nítidamente la inmensa alegría que me producia el solo hecho de poder correr.  En cuanto lo puede hacer, corria por gusto, brincaba y daba maromas solo por el placer que hacerlo me producia. Caminar  siempre ha sido una de las costumbres que mas he disfrutado.  Desde los  12 años de edad comence a caminar  mas de  4 kilometros diarios para poder ir a  la escuela y asi continue recorriendo, siempre solo, distancias cada vez mas  largas. El destino me obligo a caminarme larguisimos trechos de las muchas ciudades en las que he vivido o visitado.

Caminar solo por el desierto de Sonora ha sido de las experiencias mas gratificantes por la edad en la que comencé a hacerlo, aun no he abandonado esa costumbre, aunque con muchas mas precauciones dadas las condiciones de inseguridad y violencia a que hemos llegado.

Siempre me las he ingeniado para adentrarme  solo por el monte, lejos de la gente, asi pude experimentar la soledad de la montaña.  El espectaculo de la ciudad a lo lejos con todo  su bullicio es especialmente sobrecogedor cuando se trata de Monterrey, por lo alto e imponentes que son las montañas en las que esta enclavada.  Xalapa tambien es un caso especial por el abrumador verdor que la viste y la rodea,  ahí hay un verdadero derroche de agua y hospitalidad.

Dormir entre las cuevas de los cerros, vadear los valles por el cause de los arroyos, buscar las sombras de los arboles a la orilla de los ríos, meditar en los parajes solitarios con la sola compañia de los pajaros y el silvar del viento es una sensación extraordinaria. Si se lo propone uno puede escuchar los sonidos del monte, el idioma de la selva o los gritos del desierto y descubrirá con asombro que solo es cuestión de durar en silencio el tiempo suficiente como para oírlos.

Acostumbrado como estaba a hacerlo en solitario la mayoria de las veces, por azares del destino , en cuanto alcance la mayoria de edad, pronto me vi caminando largos tramos de la calzada de Tlalpan, en Mexico, D.F., e inevitablemente recorrer casi toda la ciudad por medio del Metro.

Me divertia hacerlo. Ahí supe lo que era el anonimato.  Caminar por entre rios de gente, literalmente miles de desconocidos que apurados, se agitan entre si ausentes unos de otros, era para mi, un muchacho pueblerino,  un mensaje sobrecogedor sobre lo que es la condicion  humana.  Al principio me sorprendia no conocer a nadie, repasaba los rostros de la manera mas discreta posible, hasta que unos meses despues de ese ejercicio de curiosidad, encontre a un amigo entre los andenes del metro y platicamos brevemente sin saber que con eso el habia dado por terminado mi busqueda.  Las multitudes anonimas dicen cosas que puede uno aprender si se desplaza como si “nadara”” en esos ríos de gente con actitud de descubrir lo que llevan consigo.  Pareciera que en alguna parte oculta esta el corazón que impulsa a esos millones de personas por entre las venas del metro, donde los acomodadores se esfuerzan por hacer que quepan en los vagones, en las horas de mayor aglomeracion.  En  mi afan por entremezclarme entre las multitudes viví la experiencia de perder mi cartera y entonces sí, abandone esa costumbre en la que ademas de soportar los olores aprendi a distinguir la relación entre razgos en los rostros y las complexiones humanas.  Me intrigaba la obviedad de la frase de que todos somos iguales pero diferentes.

Cada vez que me era posible volvia a mis caminatas por el desierto, por la  husteca veracruzana o por el monte yucateco. En estos días cuando camino,  si voy acompañado, siempre me las ingenio para rezagarme o adelantarme, el caso es disfrutar caminar en solitario.  Cuando recorrí las calles de Los Angeles, en fines de semana y  cercanas a la playa, comprobe que las multitudes con mezcla racial no son distintas a las demas, despues de todo, somos iguales en la diversidad de  las apariencias y al mismo tiempo  increiblemente distintos en las costumbres cuando pertenecemos a otras culturas.

Si le buscas los ojos a los desconocidos decubriras que algunos te confunden con alguien de sus amistades, otros te contestan con la indiferencia que les da la seguridad que no hay posibilidad de que seas amigo o familiar por no ser del lugar donde se encuentran, pero en todos los casos las miradas te diran algo.  Lamentablemente las cosas han llegado a tal extremo de violencia e inseguridad en esta época, que ese ejercicio ya no es fácil hacerlo sin exponerse a una mala experiencia.   En por lo menos dos ocaciones se me acercaron personas para saludarme confundiéndome con alguien conocido.  En el puerto de Veracruz fue interesante la efusividad de quien me confundía con otra persona, no se si por problemas de la vista o por la extraordinaria coincidencia de razgos que  lo hizo confundirse.  Logre mis propositos de conocer gente, mucha gente, tanta como me fuera posible, de manera que ahora se reconocer ciertas cosas que la apariencia, las proporciones y la complexión dicen de la gente. El cabello es especialmente revelador de ciertas características propias del portador en relacion a su personalidad, las manos también. Cuando se sabe “leer”  la mano se comprueba que ahí esta informacion complementaria con todo lo demas que ya estan mostrando el cuerpo, el rostro, el cabello, etc. Para el buen observador no es necesario que la persona se describa, basta mirarla detenidamente y eso es suficiente.

Observa como camina alguien, como habla y los razgos distintivos de su apariencia y sabras algunas cosas básicas de su forma de ser.  De ese tipo de experiencia vienen la suspicacia de las personas mayores o la intuición de las madres. Lo que he hecho yo solo es acelerar el proceso.

De la misma manera que pasar horas entre las multitudes anonimas es una especie de  curso intensivo sobre los razgos posibles entre la inmensa variedad de formas humanas,  aprender a caminar en silencio y en solitario es una magnifica oportunidad para desarrollar el sentido de la observacion y la reflexion interior.  Si puedes intercalar ambos el efecto se incrementara, pero en ambos casos debe de tenerse cuidado pues si es multitud debe de abandonarse inmediatamente que esta se emocione por algo, cualquier cosa que la ponga euforica o furiosa.  Ser parte de una turba furiosa o desenfrenada es de pésimos efectos para quienes buscan la paz interior y cultivan la espiritualidad de la vida.  Si es una caminata  en solitario es evidente que no debemos de exponernos a los accidentes o a las agresiones que propician los parajes solitarios.

La gente nos enseña si queremos y sabemos aprender.  El mundo es un escenario que da forma a la escuela mas importante a la que hayamos asistido, de lo que aprendamos en ella dependera lo que logremos en la vida, dado que interrelacionarnos es la condición básica de las clases a las que hemos sido convocados.

Como dice el refran:  ” el día que aprendamos a caminar, Dios nos va a dar alas…”